Mes: noviembre 2015

LA FRATERNIDAD INTERCULTURAL

Fátima El Gaoudi Abarkan- 1º BACH. A

 

 

No sé qué esperar, quizás una guerra… quizás que haya paz… el pesimismo y el optimismo luchan en mi mente. Vivo en Occidente como miles de musulmanes más; estoy rodeada de ateos, cristianos, judíos… de los cuales algunos son mis seres queridos. Nunca hemos sabido qué es el hambre y la penumbra; acostumbrados a no sentir el miedo, el 13 de noviembre cambió nuestras vidas.

 

Se fueron personas inocentes, personas con planes y proyectos, pero, insisto: personas.

 

Pena, vergüenza, terror, empatía… fueron algunas de las sensaciones de las personas que habitamos en Occidente.

 

—¿Por qué? —nos preguntamos muchos, una pregunta que desgraciadamente sigue y seguirá sin respuesta. Una pregunta que nos hemos visto obligados a hacernos a raíz de todos los acontecimientos que han ido sucediendo.

 

¿Qué les contaremos a nuestros hijos de esta época? ¿Que vivimos en una época de hipocresía, ignorancia, fanatismo y guerras? La guerra de Siria, el extremismo islámico… Más de 100 muertos en París, más de 100 muertos cada hora en Siria, ¿adónde irá a parar el mundo? ¿Somos realmente los humanos los seres más inteligentes? Utilizamos la religión, la política, el fútbol… cualquier argumento, para justificar y recurrir a la violencia.

 

Descerebrados fanáticos que han manchado mi imagen, la imagen de los musulmanes, la imagen del Islam, la imagen del Profeta.

 

Cuando era niña mi padre decía:

 

—El Islam es paz, hija; no puedes odiar ni despreciar a nadie por mucho daño que te haga, por muy diferente que sea, o independientemente de la religión que tenga.

 

Crecí escuchando las historias del Profeta, un hombre generoso, luchador, por supuesto, y que no discriminaba a ninguna mujer, sino lo contrario, él amaba y cuidaba a sus esposas, él se casó con muchas mujeres pero solo para mantenerlas, en una época en la que la mujer dependía completamente del hombre. Él les daba su libertad, no las tocaba; el único fin de su matrimonio era que no pasaran hambre y que no fueran maltratadas. Asimismo, tenía un vecino judío al que quería y cuidaba mucho y al que siempre regalaba comida cuando este tenía hambre. El Profeta solo permitía la yihad en las guerras legales, cuando se trataba de la defensa ante un ataque; no permitía matar a niños, ni a mujeres, ni a ancianos, ni a animales, ni destruir ningún árbol.

 

Enemigo del odio y gran amigo del respeto, este fue Muhammad, este fue el Profeta del Islam.

 

Ni machismo, ni terrorismo, ni antisemitismo… y el yihadismo con sus condiciones y solo en caso de defensa. Esto es el Islam.

 

Tengo asumido que me mirarán mal, que me discriminarán, y que me verán como una asesina que es incapaz de tolerar la forma de vida occidental, pero también tengo asumido quién soy; tengo asumido que ser musulmán significa no hacerle daño a nadie, ni siquiera a una hormiga.

 

Para mí empieza una lucha contra el extremismo islámico, una lucha contra la islamofobia, una lucha por la tolerancia.

 

Seamos empáticos, seamos generosos, seamos pacíficos, seamos seres humanos sin prejuicios, seamos Siria, seamos París y seamos todos juntos la Paz Mundial.

Anuncios

REIVINDICACIÓN DE LAS PATATAS REVOLCONAS

Juan Carlos Cercas Molina (2º D)

 

Pienso que las patatas revolconas están muy buenas porque las patatas cocidas tienen almidón, y el almidón es una sustancia muy beneficiosa para el organismo que se encuentra en muchas comidas y/o alimentos. Las personas que digan que no les gustan estas patatas no demuestran mucho criterio en asuntos culinarios. No entiendo que a la gente le gusten las patatas fritas y no las revolconas, porque es casi lo mismo, al fin y al cabo son solo eso: patatas.

 

Las patatas así cocinadas tienen muchos más nutrientes, como los hidratos de carbono, que son un nutriente principal para los seres humanos; también contienen una serie de propiedades que contribuyen a las defensas del organismo.

 

La especia que da sabor a este plato es el pimentón rojo, dulce o picante. Este segundo le da más intensidad al plato; además, el picante ayuda a quemar las grasas.