Mes: junio 2016

“LOS MISERABLES” SE GRADÚAN

Hace dos años, por estas mismas fechas, mis alumnos de 4º de E.S.O se embarcaron conmigo (por iniciativa propia) en el que ha sido el proyecto más ambicioso y arriesgado que he realizado hasta el momento en el ámbito educativo. Durante 3 meses preparamos una representación adaptada de “Los Miserables”, el musical de Claude-Michel Schönberg basado en la famosa novela homónima de Victor Hugo. El resultado se resume en el vídeo que podéis ver en el enlace de abajo (los alumnos cantan en directo). Fueron tres meses muy intensos. Tres meses en los que todos descubrimos cosas nuevas de nosotros mismos. Cosas que sólo conoces cuando te enfrentas a algo con lo que no sabes si vas a poder. Reflexionando ahora sobre lo que aprendí en aquellos días creo que para mí lo más importante fue descubrir qué significa realmente  educar. Estos alumnos me enseñaron que educar es contagiar. Contagiar entusiasmo por la vida, amor por hacer las cosas bien, por aprender, valor para afrontar los propios miedos y limitaciones. Y este contagio sólo es efectivo si es recíproco. Aprendí que educar es descubrir que sólo podemos obtener lo mejor de nosotros mismos si nos apoyamos en los demás. Que nuestra esencia está en los otros.

Este año muchos de los alumnos que participaron en esa representación se gradúan. Quiero aprovechar esta oportunidad para felicitaros y desearos lo mejor en vuestro futuro . Gracias por enseñarme tantas cosas. Os llevaré siempre conmigo.

Hermes, vuestro profe de música.

SELECCIÓN DE LA REPRESENTACIÓN:

ESCUCHAR HIMNO DE “LOS MISERABLES” COMPOSICIÓN E INTERPRETACIÓN PROPIA.

https://soundcloud.com/ellucernario/somos-la-revolucion

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EL SOLDADO Y LA MUERTE

Presentamos un excelente trabajo realizado por los alumnos de 2º de E.S.O de la asignatura Educación Plástica y Visual de los profesores Pilar Bautista y Jorge Arance . Se trata de un cuento ilustrado, “El Soldado y la Muerte”, del escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Afanasiev. Este trabajo estará expuesto en el aulario, junto con otros realizados por los demás niveles de la E.S.O y Bachillerato de los que también nos haremos eco, durante toda esta recta final del curso. Os recomendamos la visita de estas exposiciones para que podáis valorar tanto el enorme talento visual de los alumnos de este centro como el estupendo trabajo de los profesores de esta tan injustamente maltratada asignatura.

El Lucernario

 

EL SOLDADO Y LA MUERTE

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Un soldado, después de haber cumplido su servicio durante veinticinco años, pidió ser licenciado y se fue a correr mundo.

Anduvo algún tiempo, y se encontró a un pobre que le pidió limosna. El soldado tenía sólo tres galletas y dio una al mendigo, quedándose él con dos.

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Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre que también le pidió limosna saludándolo humildemente. El soldado repartió con él su provisión, dándole una galleta y quedándose él con la última.

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Llevaba andando un buen rato cuando se encontró a un tercer mendigo. Era un anciano de pelo blanco como la nieve, que también lo saludó humildemente pidiéndole limosna. El soldado sacó su última galleta y reflexionó así:

«Si le doy la galleta entera me quedaré sin provisiones; pero si le doy la mitad y encuentra a los otros dos pobres, al ver que a ellos les he dado una galleta entera a cada uno se podrá ofender. Será mejor que le dé la galleta entera; yo me podré pasar sin ella.»

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Le dio su última galleta, quedándose sin provisiones. Entonces el anciano le preguntó:

-Dime, hijo mío, ¿qué deseas y qué necesitas?

-Dios te bendiga -le contestó el soldado-. ¿Qué quieres que te pida a ti, abuelito, si eres tan pobre que nada puedes ofrecerme?

-No hagas caso de mi miseria y dime lo que deseas; quizá pueda recompensarte por tu buen corazón.

-No necesito nada; pero si tienes una baraja, dámela como recuerdo tuyo.

El anciano sacó de su bolsillo una baraja y se la dio al soldado, diciendo:

-Tómala, y puedes estar seguro de que, juegues con quien juegues, siempre ganarás. Aquí tienes también una alforja; a quien encuentres en el camino, sea persona, sea animal o sea cosa, si la abres y dices: «Entra aquí», en seguida se meterá en ella.

-Muchas gracias -le dijo el soldado.

Y sin dar importancia a lo que el anciano le había dicho, tomó la baraja y la alforja y siguió su camino.

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Después de andar bastante tiempo llegó a la orilla de un lago y vio en él tres gansos que estaban nadando. Se le ocurrió al soldado ensayar su alforja; la abrió y exclamó:

-¡Ea, gansos, entren aquí!

Apenas tuvo tiempo de pronunciar estas palabras cuando, con gran asombro suyo, los gansos volaron hacia él y entraron en la alforja. El soldado la ató, se la puso al hombro y siguió su camino.

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Anduvo, anduvo y al fin llegó a una gran ciudad desconocida. Entró en una taberna y dijo al tabernero:

-Oye, toma este ganso y ásamelo para cenar; por este otro me darás pan y una buena copa de aguardiente, y este tercero te lo doy a ti en pago de tu trabajo.

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Se sentó a la mesa y, una vez lista la cena, se puso a comer, bebiéndose el aguardiente y comiéndose el sabroso ganso. Conforme cenaba, se le ocurrió mirar por la ventana y vio cerca de la taberna un magnífico palacio que tenía rotos todos los cristales de las ventanas.

-Dime -preguntó al tabernero-, ¿qué palacio es ése y por qué se halla abandonado?

-Ya hace tiempo -le dijo éste- que nuestro zar hizo construir ese palacio, pero le fue imposible establecerse en él. Hace ya diez años que está abandonado, porque los diablos lo han tomado por residencia y echan de él a todo el que entra. Apenas llega la noche se reúnen allí a bailar, alborotar y jugar a los naipes.

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El soldado, sin pararse a pensar en nada, se dirigió a palacio, se presentó ante el zar, y haciendo un saludo militar, le dijo así:

-¡Majestad! Perdóname mi audacia por venir a verte sin ser llamado. Quisiera que me dieses permiso para pasar una noche en tu palacio abandonado.

-¡Tú estás loco! Se han presentado ya muchos hombres audaces y valientes pidiéndome lo mismo; a todos les di permiso, pero ninguno de ellos ha vuelto vivo.

-El soldado ruso ni se ahoga en el agua ni se quema en el fuego -contestó el soldado-. He servido a Dios y al zar veinticinco años y no me he muerto. ¿Crees que ahora me voy a morir en una sola noche?

-Pero te advierto que siempre que ha entrado al anochecer un hombre vivo, a la mañana siguiente sólo se han encontrado los huesos -contestó el zar.

El soldado persistió en su deseo, rogando al zar que le diese permiso para pasar la noche en el palacio abandonado.

-Bueno -dijo al fin el zar-. Ve allí si quieres; pero no podrás decir que ignoras la muerte que te espera.

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Se fue el soldado al palacio abandonado, y una vez allí se instaló en la gran sala, se quitó la mochila y el sable, puso la primera en un rincón y colgó el sable de un clavo. Se sentó a la mesa, sacó la tabaquera, llenó la pipa, la encendió y se puso a fumar tranquilamente.

A las doce de la noche acudieron, no se sabe de dónde, una cantidad tan grande de diablos que no era posible contarlos. Empezaron a gritar, a bailar y alborotar, armando una algarabía infernal.

-¡Hola, soldado! ¿Estás tú también aquí? -gritaron al ver a éste-. ¿Para qué has venido? ¿Acaso quieres jugar a los naipes con nosotros?

-¿Por qué no he de querer? -repuso el soldado-. Ahora que con una condición: hemos de jugar con mi baraja, porque no tengo fe en la de ustedes.

En seguida sacó su baraja y empezó a repartir las cartas. Jugaron un juego y el soldado ganó; la segunda vez ocurrió lo mismo. A pesar de todas las astucias que inventaban los diablos, perdieron todo el dinero que tenían, y el soldado iba recogiéndolo tranquilamente.

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A las doce de la noche acudieron, no se sabe de dónde, una cantidad tan grande de diablos que no era posible contarlos. Empezaron a gritar, a bailar y alborotar, armando una algarabía infernal.

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-¡Hola, soldado! ¿Estás tú también aquí? -gritaron al ver a éste-. ¿Para qué has venido? ¿Acaso quieres jugar a los naipes con nosotros?

-¿Por qué no he de querer? -repuso el soldado-. Ahora que con una condición: hemos de jugar con mi baraja, porque no tengo fe en la de ustedes.

En seguida sacó su baraja y empezó a repartir las cartas. Jugaron un juego y el soldado ganó; la segunda vez ocurrió lo mismo. A pesar de todas las astucias que inventaban los diablos, perdieron todo el dinero que tenían, y el soldado iba recogiéndolo tranquilamente.

-Espera, amigo -le dijeron los diablos-; tenemos una reserva de cincuenta arrobas de plata y cuarenta de oro: vamos a jugar esa plata y ese oro.

Mandaron a un diablejo para que les trajese los sacos de la reserva y continuaron jugando. El soldado seguía ganando, y el pequeño diablejo, después de traer todos los sacos de plata, se cansó tanto que, con el aliento perdido, suplicó al viejo diablo calvo:

-Permíteme descansar un ratito.

-¡Nada de descanso, perezoso! ¡Tráenos en seguida los sacos de oro!

El diablejo, asustado, corrió a todo correr y siguió trayendo los sacos de oro, que pronto se amontonaron en un rincón. Pero el resultado fue el mismo: el soldado seguía ganando.

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Los diablos, a quienes no agradaba separarse de su dinero, derribaron la mesa a patadas y atacaron al soldado, rugiendo a coro:

-Despedácenlo, despedácenlo.

Pero el soldado, sin turbarse, cogió su alforja, la abrió y preguntó:

-¿Saben qué es esto?

-Una alforja -le contestaron los diablos.

-¡Pues entren todos aquí!

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Apenas pronunció estas palabras, todos los diablos en pelotón se precipitaron en la alforja, llenándola por completo, apretados unos a otros. El soldado la ató lo más fuerte posible con una cuerda, la colgó de la pared, y luego, echándose sobre los sacos de dinero, se durmió profundamente sin despertar hasta la mañana.

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Muy temprano, el zar dijo a sus servidores:

-Vayan a ver lo que le ha sucedido al soldado, y si se ha muerto, recojan sus huesos.

Los servidores llegaron al palacio y vieron con asombro al soldado paseándose contentísimo por las salas fumando su pipa.

-¡Hola, amigo! Ya no esperábamos verte vivo. ¿Qué tal has pasado la noche? ¿Cómo te las has arreglado con los diablos?

-¡Valientes personajes son esos diablos! ¡Miren cuánto oro y cuánta plata les he ganado a los naipes!

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Los servidores del zar se quedaron asombrados y no se atrevían a creer lo que veían sus ojos.

-Se han quedado todos con la boca abierta -siguió diciendo el soldado-. Envíenme pronto dos herreros y díganles que traigan con ellos el yunque y los martillos.

Cuando llegaron los herreros trayendo consigo el yunque y los martillos de batir, les dijo el soldado:

-Descuelguen esa alforja de la pared y den buenos golpes sobre ella.

Los herreros se pusieron a descolgar la alforja y hablaron entre ellos:

-¡Dios mío, cuánto pesa! ¡Parece como si estuviera llena de diablos!

Y éstos exclamaron desde dentro:

-Somos nosotros, queridos amigos.

Colocaron el yunque con la alforja encima y se pusieron a golpear sobre ella con los martillos como si estuviesen batiendo hierro. Los diablos, no pudiendo soportar el dolor, llenos de espanto, gritaron con todas sus fuerzas:

-¡Gracia, gracia, soldado! ¡Déjanos libres! ¡Nunca te olvidaremos y ningún diablo entrará jamás en este palacio ni se acercará a él en cien leguas a la redonda!

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El soldado ordenó a los herreros que cesasen de golpear, y apenas desató la alforja los diablos echaron a correr sin siquiera mirar atrás; en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron del palacio. Pero no todos tuvieron la suerte de escapar: el soldado detuvo, como prisionero en rehenes, a un diablo cojo que no pudo correr como los demás.

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Cuando anunciaron al zar las hazañas del soldado, lo hizo venir a su presencia, lo alabó mucho y lo dejó vivir en palacio. Desde entonces el valiente soldado empezó a gozar de la vida, porque todo lo tenía en abundancia: los bolsillos rebosando dinero, el respeto y consideración de toda la gente, que cuando se lo encontraban le hacían reverencias respetuosas, y el cariño de su zar.

Se puso tan contento que quiso casarse. Buscó novia, celebraron la boda y, para colmo de bienes, obtuvo de Dios la gracia de tener un hijo al año de su matrimonio.

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Poco tiempo después se puso enfermo el niño y nadie lograba curarlo. Cuantos médicos y curanderos lo visitaban no conseguían ninguna mejoría. Entonces el soldado se acordó del diablo cojo; trajo la alforja donde lo tenía encerrado y le preguntó:

-¿Estás vivo, Diablo?

-Sí, estoy vivo. ¿Qué deseas, señor mío?

-Se ha puesto enfermo mi hijo y no sé qué hacer con él. Quizá tú sepas cómo curarlo.

-Sí sé. Pero ante todo déjame salir de la alforja.

-¿Y si me engañas y te escapas?

El diablo cojo le juró que ni siquiera un momento había tenido esa idea, y el soldado, desatando la alforja, puso en libertad a su prisionero.

El diablo, recobrando su libertad, sacó un vaso de su bolsillo, lo llenó de agua de la fuente, lo colocó a la cabecera de la cama donde estaba tendido el niño enfermo y dijo al padre:

-Ven aquí, amigo, mira el agua.

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El soldado miró el agua, y el diablo le preguntó:

-¿Qué ves?

-Veo la Muerte.

-¿Dónde se halla?

-A los pies de mi hijo.

-Está bien. Si está a los pies, quiere decir que el enfermo se curará. Si hubiese estado a la cabecera, se hubiese muerto sin remedio. Ahora toma el vaso y rocía al enfermo.

El soldado roció al niño con el agua, y al instante se le quitó la enfermedad.

-Gracias -dijo el soldado al diablo cojo, y le dejó libre, guardando sólo el vaso.

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Así transcurrieron unos cuantos años, cuando un día se puso enfermo el zar. Llamaron al soldado, y éste, llenando el vaso con agua de la fuente, lo colocó a la cabecera del lecho, miró el agua y vio con horror que la Muerte estaba, como un centinela, sentada a la cabecera del enfermo.

-¡Majestad! -le dijo el soldado-. Nadie podrá devolverte la salud. Sólo te quedan tres horas de vida.

Al oír estas palabras el zar se encolerizó y gritó con rabia:

-¿Cómo? Tú que has curado a mis boyardos y a mis generales, ¿no quieres curarme a mí, que soy tu soberano? ¿Acaso soy yo de peor casta o indigno de tu favor? Si no me curas daré orden para que te ejecuten una hora después de mi muerte.

El soldado se encontró perplejo ante este problema y se puso a suplicar a la Muerte, diciendo:

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-Dale al zar la vida y toma en cambio la mía, porque si de todos modos he de perecer, prefiero morir por tu mano a ser ejecutado por la del verdugo.

Miró otra vez en el vaso y vio que la Muerte le hacía una señal de aprobación y se colocaba a los pies del zar.

El soldado roció al enfermo, y éste en seguida recobró la salud y se levantó de la cama.

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-Oye, Muerte -dijo el soldado-, dame tres horas de plazo; necesito volver a casa para despedirme de mi mujer y de mi hijo.

-Está bien -contestó la Muerte.

El soldado se fue a su casa, se acostó y se puso muy enfermo. La Muerte no tardó en llegar y en colocarse a la cabecera de su cama, diciéndole:

-Despídete pronto de los tuyos, porque ya no te quedan más que tres minutos de vida.

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El soldado extendió un brazo, descolgó de la pared la alforja, la abrió y preguntó:

-¿Qué es esto?

La Muerto le contestó:

-Una alforja.

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-Es verdad; pues entra aquí.

Y la Muerte en un instante se encontró metida en la alforja.

El soldado sintió tan grande alivio que saltó de la cama, ató fuertemente la alforja, se la colgó al hombro y se encaminó a los espesos bosques de Briauskie. Llegó allí, colgó la alforja en la cima de un álamo y se volvió contento a su casa.

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Desde entonces ya no se moría la gente. Nacían y nacían, pero ninguno se moría. Así transcurrieron muchos años, sin que el soldado descolgase la alforja del álamo.

Una vez que paseaba por la ciudad tropezó con una anciana tan vieja y decrépita, que se caía al suelo a cada soplo del viento.

-¡Dios de mi alma, qué vieja eres! -exclamó el soldado-. ¡Ya es tiempo de que te mueras!

-Sí, hijo mío -le contestó la anciana-. Cuando hiciste prisionera a la Muerte sólo me quedaba una hora de vida. Tengo gran deseo de descansar; pero ¿cómo he de hacer? Sin la muerte la tierra no me admite para que descanse en sus profundidades. Dios te castigará por ello, pues son muchos los seres humanos que están sufriendo como yo en este mundo por tu causa.

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El soldado se quedó pensativo: «Se ve que es necesario libertar a la Muerte aunque me mate a mí -pensó-. ¡Soy un gran pecador!»

Se despidió de los suyos y se dirigió a los bosques de Briauskie. Llegó allí, se acercó al álamo y vio la alforja colgada en lo alto del árbol, balanceada por el viento.

-Oye, Muerte, ¿estás viva? -preguntó el soldado.

La Muerte le contestó con una voz apenas perceptible:

-Estoy viva, amigo.

El soldado descolgó la alforja, la desató y la abrió, dejando libre a la Muerte, a la que suplicó que lo matase lo más pronto posible para sufrir poco; pero la Muerte, sin hacerle caso, echó a correr y en un instante desapareció.

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El soldado volvió a su casa y siguió viviendo muchos años, gozando de la mayor felicidad.

Todos creían que ya no se moriría nunca; pero, según dicen, se ha muerto hace poco.

IMG_20160608_084059284FIN

ESCRUTADORES DE LO INEFABLE

Diego Vadillo López

ESCRUTADORES DE LO INEFABLESi hay una lacra que a su vez constituye una perenne espada de Damocles sobre nuestro cotidiano vivir, esa es la del paro estructural, pandemia que va desertizando la dignidad de cada vez un mayor número de seres humanos y pretexto para que se sigan endilgando encomiendas emparentadas con lo esclavista a unos congéneres por otros. Es difícil abordar el tema de una forma no cercana a la desesperanza, la aspereza o la indignación, por ello es de valorar el mérito del cantautor Ismael Serrano cuando con mimbres tan delicados elaboró una canción como “Podría ser”, en la que a través de una primera persona sobrecogedora aborda la cuestión del desempleo de manera sublime, sublimadora, mejor. El parado que habla en la canción no lo hace en un tono acre aunque sí descarnado, envolviendo sus cuitas un inefable manto de lirismo. Y, tras referirnos su precaria circunstancia, esgrime una serie de plausibles y desconcertantes oficios a los que le gustaría optar. Se postula para ejercer de…

-Médico de flores

-Poeta ambulante

-Deshollinador volando en tejados

-Probador de espejos

-Pirata honrado

-Delineante de columpios rojos

-Un gran nigromante

-Cantor de nanas

-Buhonero

-Cartero de Neruda

-Pescador de estrellas

-Piloto de cometas

-Explorador de abismos

-Recolector de gotas de rocío

-Jardinero en Marte

Así las cosas, se me ocurrió encomendar a mis alumnos de 3º D la tarea de escribir en qué podrían consistir dichos trabajos. Cada uno eligió el que más sugerente se le pudo antojar… y… la verdad es que los resultados fueron magníficos; por ello, aquí traemos algunos para solaz del lector. Cierto es que los intrépidos alumnos partían de una contrabasa de sólido hormigón líricamente confitado (toda la magnificencia residenciada en la tonada de Ismael Serrano).

Notas:

(*) Añadimos links en los que se puede leer y escuchar la canción:

https://www.youtube.com/watch?v=tTJc-Pac694

https://www.letras.com/ismael-serrano/1668846/

(**) Los textos fueron elaborados de manera instintiva durante una sesión tras escuchar y leer la canción.

(***) La mayor parte de los textos se acompañan con los dibujos, de un genial esquematismo, con los que los propios alumnos ilustraron sus respectivos escritos.

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Explorador de Abismos

Ana Delgado Esteban

ANA DELGADOExplorar abismos es un trabajo que pocos pueden realizar. Debes mirar la más profunda oscuridad, debes vigilarla, contenerla, y no debes dejar que te consuma.

Un explorador de abismos se encarga de retener los miedos e inseguridades en una pequeña cueva. La mayoría de exploradores poseen una luz especial, una luz capaz de sostener la más temible oscuridad, la luz en los ojos de un niño.

Esos niños miran a la oscuridad y la contienen, contienen las ganas de llorar cuando vuelven del colegio con golpes por todo el cuerpo, soportan el dolor cuando sus familiares les presionan y gritan; se mantienen fuertes cuando alguien a quien quieren se desvanece en cenizas. Esos niños se hacen fuertes mirando a los ojos de la oscuridad.

¿Y sabes qué? Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido exploradores de abismos.

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Poeta ambulante

Carlos Cañada Cisneros

El oficio de poeta ambulante consiste en pasearse con una furgoneta con un megáfono por el pueblo a las nueve de la mañana molestando al vecindario, despertando a la gente: “¡El poeta! ¡El poeta! ¡Ha llegado el poeta!”; repitiendo todo el rato: “¡Te recitamos todo tipo de poemas: poemas de amor, poemas de odio, de todos los tipos!”. Y así día tras día, tras día, tras día… hasta que algún vecino loco saque una escopeta y acabe con el problema, o se ponga tapones, una solución más pacífica.

En general, ser poeta ambulante es un trabajo muy divertido, pasearse por el pueblo con un megáfono y oír a la gente desde sus casas: “¡Ya no aguanto más!”, “¡Joder!”, “¡Me cago en…!”. Será divertido hasta que alguien salga de su casa y te pegue una paliza, pero todo con amor y ternura.

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Pescador de estrellas

Alberto Moreno Estévez

ALBERTO MORENOSer pescador de estrellas es una profesión preciosa que se basaría en ir al espacio a pescar las estrellas y llevarlas a la mesilla del cuarto de cada persona que pide un deseo a una estrella fugaz. Cada estrella es distinta a cada una de las otras, y cada deseo es diferente, por ello los pescadores tienen una gran función, porque tienen que elegir meticulosamente cada estrella, porque las más viejas no tienen tanto poder para hacer cumplir los sueños de cada persona.

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Pescador de estrellas

Mario Sánchez Maqueda

MARIO SÁNCHEZUn pescador es el típico astronauta solitario, residente en ese satélite llamado luna. Un astronauta que utiliza el telescopio como caña, enfoques como anzuelos y estrellas como peces, peces que nadan en un inmenso océano oscuro produciendo su propia luz.

 

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Poeta ambulante

Daniel Carrillo Arevalillo

Sería una buena profesión, ya que irías recitando poemas por todo el mundo. Viajarías a países desconocidos cantando los poemas que hubieras creado en tu casa tiempo atrás, y cuando regresases al hogar recordarías las sonrisas que hubieras fabricado y lo que habías disfrutado leyendo tus poemas.

Pero lo malo sería que no ganarías mucho dinero porque sería una actividad voluntaria la de contar tus historias a la gente.

Y después de desarrollar este trabajo podrías hacer un libro contando tus experiencias.

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Cantor de nanas

Marta Cañada Trejo

MARTA CAÑADACantor de nanas consiste en ir por las casas y cuando alguien necesite que le cantes una nana, cantarla hasta que se duerma. Si alguien se queda sin voz o se harta de cantarla y se desespera, o no se puede dormir o tiene miedo, entonces llega el cantor de nanas y te canta una nana.

 

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Poeta ambulante y cartero de Neruda

Berta Sánchez Rodríguez

BERTA SÁNCHEZPasar los días en calles frías y desoladas buscando gente para regalar poemas de un viejo loco y compartir el placer de estos como mi querido amigo Neruda. Y, así, de paso, repartir sus cartas a su enamorada y darle a él de vuelta las cartas de la gente que le quiere.

Pero, párate a pensar: cada poema un sentimiento, cada sentimiento una sensación, y así una cadena de palabras indescriptibles para mí.

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Probador de espejos

Pedro Paz García

PEDRO PAZUn trabajo honrado, probando espejos, mirando si se refleja bien la luz para verse la cara y decir: “Hoy voy bien arreglado”; ese trabajo en el que haces feliz a la gente porque se siente feliz de ver su rostro, pues casi siempre, o siempre, se te olvida cómo es tu cara; también los espejos son confusos, porque se ven distintas las cosas ya que en la realidad se ven las cosas confusas, dado que se ven distintas: de izquierda a izquierda, y, si te fijas, en los espejos se ven de derecha a izquierda.

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Probador de espejos

Laura Guijarro Cisneros

LAURA GUIJARROMe gustaría ser probadora de espejos y viajar por el mundo visitando todas las ciudades y probándome ropa de cada país, mirándome en los espejos a ver cómo me quedan. Miraría todos los espejos, pequeños, grandes, ondulados… y fundaría el palacio de los espejos, un palacio lleno de estos que sería como un enorme laberinto, del que sería muy difícil salir. Todo el mundo podría visitarlo.

 

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Pescador de estrellas

Silvia Mandarino Bourbón

SILVIA MANDARINOPescar estrellas sería algo mágico, algo impresionante: el pescador las capturaría sentado en la luna, con una caña gigante de pescar. Pesarían mucho las estrellas, pero al final las subiría a la luna e iría coleccionándolas. Se llevaría a sus amigos y amigas para pescar con él mientras comen pipas y recuerdan historias de cuando eran pequeños en tanto que esperan a que una estrella despistada pique el cebo.

 

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Pescador de estrellas

Izabela Aleksandrova Ivanova

IZABELA ALEKSANDROVAA mí me gustaría ser pescadora de estrellas porque me encantaría recolectar estrellas mientras me siento en la luna y observo el espacio, cual logotipo de la famosa empresa cinematográfica Dream Works.

Sería muy feliz con una caña de pescar en la luna creciente.

 

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Médico de flores

Patricia Bravo Carrillo

PATRICIA BRAVOEl médico de flores tiene que estar siempre pendiente de ellas por si alguna se pone mala. Si se pone mala le echa agua, si tiene piojos le echa insecticida y si tiene frío la pone al sol.

 

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Jardinero en Marte

Pablo González González

PABLO GONZÁLEZSer jardinero en Marte es muy difícil porque no hay agua y las plantas necesitan agua para vivir. Así que es una gran desventaja porque tendrían que poner un depósito de agua venida de la sierra. Y eso por no hablar del viaje, porque las plantas necesitan muchos cuidados constantemente y, por otro lado, viajar hasta Marte no es como ir a la vuelta de la esquina, aunque también tiene su lado positivo, ya que, suponiendo que tuvieras el depósito de agua y te hubieras hecho una casa, podrías vivir tan ricamente con tu mujer y tus hijos en paz y armonía.

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Pescador de estrellas

Ángela Vargas Endrino

Solo basta con cerrar los ojos y dejarte llevar, soñar, sin pensar hasta que vengan los pescadores de estrellas, que recogen los sueños de los niños, con ilusiones inocentes, los llevan al cielo, y los convierten en estrellas que brillan, sueños flotando por el universo, sin rumbo, sin destino hasta que llegan a un mundo lleno de sueños, esperanzas, un mundo que pocos conocen, que pocos descubren, llamado “imaginación”.

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Médico de flores

Emily Ribadeneyra Gonzáles

Él ve a su amada como una flor y como tal la va a cuidar, por eso dice que va a ser médico de flores.

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Jardinero en Marte

Daniel Samberro Mouriño

Mi trabajo consistiría en viajar a Marte y permanecer por temporadas, un poco más largas que las terrestres, ya que un día sideral marciano duraría 24 horas y 39 minutos, que es más que los días terrestres. Es diferente. Además, como la órbita no es circular y rige la segunda ley de Kepler, hay que hablar de día solar medio, pues el movimiento real del planeta sobre la órbita no es siempre el mismo y el día solar varía.

Por lo que planificaría un huerto transportable y tendría que manipular artificialmente las condiciones de estas, por no hablar de la fertilización de la tierra y los suministros de H2O variables creados por la descomposición de un metal fundido en nitrógeno. Así mismo invertiría el proceso en horas de noche.

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Médico de flores

Andrea Sierra Ramos

ANDREA SIERRAMe gustaría ser médico de flores porque no solo las personas se ponen enfermas, las plantas también y cuidarlas sería perfecto, pues así estarían sanas y no morirían tantas flores porque sus dueños no las rieguen, ni les den nutrientes… yo las atendería y las curaría; sería la Doctora Andrea, médica de flores.